Una de las características de nuestra época es la comodidad con que el personal se mueve del blanco al negro. Se renuncia sin demasiado reparo a cualquier gris de los muchos disponibles. Nuestros colegas informáticos nos indicarían con orgullo que a más bits, más grises, aunque reconozco que a mí me peta la cabeza a partir del octavo. Quiero creer que parte del proceso de madurar, si es que eso existe, consiste en aprender a interpretar lo que nos pasa sin exceso de euforia o pesadumbre; aunque ya puestos, siempre euforia, nunca ineuforia. Normalmente, las vivencias de la gente normal® pueden ser interpretadas desde múltiples ángulos, pues ya lo decía Borges: "En este mundo traicionero, nada es verdad o mentira, todo depende del color del cristal con que se mira". Abandonarse al blanco o al negro rara vez suele ser la única opción. Si ilustramos la cuestión con un ejemplo, parece evidente dónde quedarían el Real Madrid y Milhouse Van Houten en nuestro virtual viaje por la pal...
Vuelta al costumbrismo