Tengo tendencia a sospechar de los enunciados grandilocuentes que en teoría te resuelven la vida. Ni uno consigue la famosa tableta en el abdomen en 30 días, ni se consigue aprender inglés con 1000 palabras, ni mucho menos se gana Pasapalabra en 12 sencillos pasos, por no hablar de recibir un duro por 4 pesetas. Los que hayan visto la película de Tarantino Django Desencadenado entenderán que tras una frase o proposición así de loca se esconde algún engaño.
Una vez que tengo vuestra atención, procedo con el post. No me interesan en general los contenidos televisivos generalistas, pero cada vez que comparto estancia con mi madre y mi abuela, y se acercan las 20:30 de la tarde, sé que vamos a ver el desenlace del programa diario de Pasapalabra. Y no me importa; disfruto del entusiasmo que les genera y hasta intento seguir el ritmo de los concursantes. Últimamente llamó mi atención un muchacho que tiene un porcentaje de victorias muy elevado. Demuestra unos conocimientos enciclopédicos y de forma sistemática se queda cada tarde a uno, dos o tres aciertos del bote. El muchacho en cuestión tiene 23 años, se llama Pablo, y es uno de mis héroes. Detrás de esta historia de éxito se esconde una historia la mar de curiosa. Pablo cursa un Máster en violín en Ámsterdam. De niño, además del mencionado instrumento, tocaba el piano. Sus padres son pianistas, de modo que no es difícil ver la influencia que el contexto ha tenido en este prodigio. Con 16 años impartía clases en la Escuela Superior de Música Reina Sofía. En definitiva, un crack. Puede uno pensar que este muchacho es tan listo y va tan sobrado que podría haber ganado Pasapalabra con 18 años y un día, pero no. Antes de presentarse a concursar, dedicó un año, estudiando entre 8 y 9 horas, a estudiar el diccionario y roscos de Pasapalabra. Superada esa preparación, se dijo que podía intentarlo. Comenzó así su primera etapa en el programa, entonces en Telecinco. Fue un gran concursante, y sólo la presencia de un prodigio zaragozano que desarrolló un diccionario inverso con 80.000 definiciones le apartó de la gloria. Ahora, tiempo después, vuelve a exhibir sus conocimientos cada tarde dejando a algunos, entre los que me encuentro, boquiabiertos.
Se le atribuye al jugador de la NBA Kevin Durant una frase que reza: “El trabajo duro vence al talento cuando el talento no trabaja duro”. Conocemos casos de gente que vive, ha vivido y vivirá de las rentas, pero no deja de ser gratificante ver que incluso los más talentosos trabajan duro buscando el éxito. Cuando las fuerzas son parejas, el talento similar y las ganas parecidas, tiene a vencer el trabajo. El trabajo bien hecho, se entiende; trabajar por trabajar no suele generar los mejores resultados. También me lleva todo esto a pensar en los referentes. Me pregunto si habrá algún niño al que incitemos a admirar a este tipo de personaje, que en 120 segundos son capaces de bordar 25 definiciones sin una protesta, sin dejar de sonreír y aprendiendo cada día.
Como en cualquier ámbito de la vida, hasta el más talentoso y el más trabajador puede un día perder. La derrota es parte imprescindible del proceso, pero vivimos un juego de probabilidades. Quienes aúnan talento y trabajo tienden a triunfar en un mayor porcentaje de los casos. También aprender lo máximo en la derrota es cuestión vital. Y que viva la cultura.


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