Vaya por delante que no soy
economista, ni pretendo parecer un experto en la materia. Creo que para
considerarse experto en algo se debe demostrar un bagaje muy importante, no sólo
en conocimientos, sino en la aplicación de los mismos. Carezco de ese bagaje,
por lo tanto entendamos el contenido de este post como una reflexión con forma
de metáfora. Decía nuestro querido Doctor House, cada vez que uno de sus
subalternos trataba de explicar el caso de turno mediante una metáfora, que las
metáforas eran cosas suya. Con permiso de Greg, usaré el recurso. Así somos los de ciencias.
Cuando somos niños, en la
escuela, nos enseñan el concepto de inercia. Ni siquiera solemos saber al
principio que se trata de un concepto físico. Como siempre, hay quienes lo
enseñan mejor y quienes lo enseñan peor, como también los hay que lo entienden
mejor y quienes lo entienden peor. Normalmente entendemos que la inercia es lo
que impide que un cuerpo en movimiento se pare. Esto es lo que lleva a que, por
ejemplo, cuando un equipo de fútbol viene consiguiendo buenos resultados, se
diga que trae muy buena inercia. Los puristas como mi profesor de física de la
universidad maldecían cada vez que alguien aplicaba el concepto de esa manera,
sin embargo, creo que a nivel coloquial nos permite más o menos entender de qué
va la cosa.
Lo cierto es que la inercia no es
sólo lo que impide que un cuerpo se pare, sino que es lo que impide que cambie
estado de movimiento, ya sea para ir más rápido, para ir más despacio, o para
ir en otra dirección. También es la propiedad que tiene un cuerpo de conservar
su estado de reposo. Tal vez se debiera enseñar que a más inercia más difícil
es mover algo, ya sea hacer que vaya más rápido, o para hacer que vaya más
lento.
Cuando aplicamos esto a las casas
de nuestros abuelos, entendemos rápidamente de qué va, y sin saberlo estamos
describiendo el concepto de inercia térmica. Una casa con unas paredes bien
gruesas se mantiene fresca en verano y es difícil de calentar en invierno.
Estas viviendas tienen una gran inercia térmica, pues tanto calentarlas como
enfriarlas resulta complicado.
En el mundo económico, entendemos
que una economía con mucha inercia será una economía robusta, que cuando vengan
mal dadas aguantará mejor el tipo, y en épocas de crecimiento moderará su
crecimiento, pues es un ente más difícil de mover. Hay un ejemplo fácil, que se
explica comparando, por ejemplo, la economía francesa o la alemana con la
española. Como ya mencioné en mi anterior post -no hacía falta ser economista
para saber lo que iba a pasar-, la dependencia que tiene la economía española
de sectores de poca robustez ha ocasionado una tremenda caída del PIB en el
segundo trimestre (del 18,5% con respecto al primer trimestre). En el global de
la zona Euro la caída ha sido del 12,1%, siendo del 10,1% en Alemania y del
13,8% en Francia. Son bajadas muy importantes en ambos casos, pero convendremos
en que porcentualmente (no en puntos porcentuales), la diferencia es grande.
Como ya comentamos, se veía venir.
Del mismo modo se explica que en
épocas de crecimiento, la economía española sea capaz de crecer a ritmos
superiores a los países que hemos mencionado, capitalizando los incrementos de
demanda de los sectores muy sensibles al crecimiento.
Incidiendo en la idea de mi
anterior entrada, creo que debemos dotar de solidez, robustez y, en última
instancia, de inercia a nuestra economía. Yo apostaba por la
reindustrialización (en teoría nos habíamos comprometido con Europa a alcanzar
ciertas cotas a estas alturas, pero finalmente, uno por otro, la casa ha
quedado sin barrer); espero y deseo que lo podamos ir consiguiendo.

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