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Cómo sobrevivir un mes sin redes sociales


Hasta el menos bailarín del lugar habrá sucumbido a los pegadizos acordes de la famosa canción de Celtas Cortos. El 20 de abril de 2020 se cumplían 30 años de la fecha que menciona la canción, en la que un muchacho se dirige vía carta a un antiguo amor, evocando las andanzas del momento. Habrá quien diga que cualquier tiempo pasado fue mejor, sobre eso ya nos hizo reflexionar Woody Allen en Midnight in Paris; también nos lo sugiere Loquillo cada vez que se pone delante de un micrófono. El caso, amigos, es que el 20 de abril de 2020 se nos puso difícil dedicar mucho tiempo a pensar en el pasado, y el futuro lo veíamos bastante oscuro.


Los números asociados a la pandemia del coronavirus no eran nada esperanzadores. Una gran cantidad de compatriotas y gentes de otras partes del mundo perdían la vida, y los infectados se contaban por miles. El virus que pensamos no era para tanto llevaba más de un mes poniendo patas arriba nuestra existencia, desmontando nuestras certezas e impidiéndonos ver una salida en el corto plazo. En medio del desolador panorama sanitario sucedió algo que nunca pensamos que pudiera ocurrir. El petróleo de Texas cotizaba en valores negativos. Antes de saber las implicaciones que esos números rojos tenían había que informarse un poco. Los contratos futuros sobre el petróleo de Texas a producir en el mes de mayo vencían el día 21 de abril, y los propietarios –inversores, especuladores y gentes de diverso pelaje, no los productores- de esos derechos no veían quiénes podían comprarles sus derechos. La demanda de combustibles estaba en caída libre y las refinerías no disponían de espacio de almacenamiento, con lo que los mencionados inversores debían deshacerse de sus derechos sobre el crudo para evitar incurrir en unos costes millonarios relacionados con el almacenamiento del oro negro. Tan tremendo fue el pánico generado que el precio del WTI llegó a estar por debajo de los $30 negativos.

Las redes y todas las fuentes de información vivían un incremento de producción inversamente proporcional al de la demanda de petróleo. En esas, con los ánimos más caldeados que nunca, el odio impregnando cada esquina de la red de redes y el pánico cundiendo en los mercados, me pregunté qué sentido tenía la sobreexposición a la información. Además, en los tiempos que corren, llamar información a lo que recibimos por los diversos canales es concederle un nivel y una credibilidad de la que sin duda carece. Tomé la determinación de iniciar un apagón informativo voluntario. Este consistiría en eliminar mi presencia en redes sociales durante un mes y reducir al máximo la consulta de novedades. Me limitaría a ver el noticiario de turno –alternando un poco el elegido- durante el desayuno y en la comida, y buscar, que no recibir, la información que demandara en momentos puntuales. Dejaría la bilis en manos de aquellos cuya válvula de alivio había colapsado, y me centraría todavía más en mis quehaceres diarios, en mis aficiones y en mis seres queridos. 



Haré una síntesis de los highlights de medio mes:

-El primer día acabé la jornada con un 80% de batería en el móvil –citando a Ana Pastor: “Míos son los datos, suyas las conclusiones”-. 

-El cuarto día hice una tortilla de patatas por primera vez en mi vida –a la fecha de este escrito he hecho 3, siendo la segunda la mejor; como las temporadas futbolísticas de los equipos de Jose Mourinho-. 

-El séptimo tomé la determinación de aumentar el porcentaje de gente positiva de la que me rodeo.

-El octavo día se anuncia que habrá una cosa llamada desescalada. Veo la vida con más optimismo y termino la temporada 5 de Better call Saul –fantástico spin off de Breaking Bad-.

-El noveno día descubro que la mítica canción Partiendo la pana de Estopa tiene videoclip, y que es bastante gracioso.

-El décimo día uso mascarilla por primera vez para ir a comprar. La sensación de ahogo que siento me hace admirar la capacidad de lucha del personal sanitario en sus maratonianas jornadas ataviados con los diversos EPIs.

-El undécimo día caigo en una tentación que durante más de un mes vencí, trabajé en pijama.

-El decimotercer día se permitía volver al deporte en el exterior. A nadie le sorprenderá que tardara 7 minutos en lesionarme. Las instrucciones que me di el día previo sobre tratar de evitar una lesión y comenzar a un ritmo próximo al trote más cochinero conocido se vieron superadas por la energía que el aire de la mañana me dio. Las fábricas de Reflex y Voltadol habrán visto sobrepasada ampliamente su capacidad productiva.

-El día 14 vi The revenant. Aparte de maravillarme por la técnica de la película de Iñárritu, me volvió a quedar claro que en ausencia de fuerzas hay que buscar ese motivo que nos impulse.

-El decimoquinto día comencé la rehabilitación caminando. Fui adelantado por las personas de mayor edad que tenían permitido salir en la misma franja horaria que yo. No hay deshonra mientras se lucha. También terminé La Biblia de barro, de Julia Navarro, que nos recuerda que la maldad humana no tiene límites y que hasta el alma más pura puede sufrir una degradación devastadora.

Hay multitud de detalles que pasan desapercibidos si nos perdemos en cuestiones menores.

Algunos dirán que inicié el camino inverso a la salida de la caverna sobre la que teorizó Platón, yo digo que tomé distancia para tratar de no perderme. La sobreexposición a la información llena los huecos tradicionalmente dedicados a la introspección, a la reflexión, al aprendizaje y al conocimiento de uno mismo. Centré mis esfuerzos en aquellas actividades que realmente me aportan. Optimicé mi tiempo, fui más eficiente, gané en productividad, aprendí, pensé y fundamentalmente mejoré mi salud mental. Sé que en tiempos difíciles lo más sencillo es hacer como que nada sucede, en absoluto es ni ha sido esa mi intención. Soy y he sido plenamente consciente de las dificultades que nos rodean y afectan a todos, pero debemos cuidar de nuestra salud mental para ser capaces de afrontar con mayor entereza e inteligencia estas circunstancias adversas.

Si el filtrado es importante para una mascarilla, también lo es para quien recibe información. Habrá desescalada, pero espero que la huella de las enseñanzas de este mes sea permanente. 

Quien escribe la carta de la canción se sorprende del cambio de los protagonistas. Amigo mío, no queda otra que cambiar.

PD: Recién he finalizado el documental sobre Michael Jordan y los Chicago Bulls The last dance. A debate si el fin justifica los medios; si la belleza de lo conseguido hace moralmente aceptable el comportamiento y el trato de nuestro ídolo a sus compañeros.


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