Ir al contenido principal

Comercio de proximidad vs proteccionismo


Si uno le dedica el tiempo suficiente puede ser capaz de hacerse un experto en macroeconomía siguiendo los matinales, las tertulias y demás. Tampoco hace falta saber mucho para darse cuenta de que si durante un período de tiempo lo suficientemente largo la actividad se reduce, bajará la riqueza.



A nadie se le escapa que el turismo es un área estratégica de especial importancia para nuestro país. Los que hacen los cálculos estiman que el 14,6% de nuestra economía está asociada al turismo. Es por tanto, lógico que si una fuente de riqueza tan importante sufre el parón que va a sufrir, la economía general se resienta. Nuestro país es el segundo destino turístico más importante del mundo, siguiendo a Francia. En el caso francés el turismo supone el 7,3% del PIB. Podemos imaginar que el parón en el turismo del país vecino no afectará de manera tan intensa a la economía general como en el caso español. La lección más directa que extraemos es que no podemos poner todos los huevos en la misma cesta. Cualquier empresa sabe que llega un momento, cuando alcanza la madurez, en que ha de optar por diversificar, ya sea para incrementar su volumen de ventas mediante la presencia en nuevos mercados o para evitar ser excesivamente dependiente de una de sus líneas de producto.

Los más viejos del lugar recordarán la reconversión que sufrió la industria en España en los 70. Se redujo la capacidad de los sectores primario y secundario, con el pretexto de ajustarla a la demanda, y se deslocalizó la producción a lugares con mano de obra más barata. Como primera derivada se redujo la cadena de valor de la industria y, con ello, los puestos de trabajo asociados a estas. Se aumentó la importancia que los servicios tienen en la economía. Que nuestra renta per cápita sea inferior a la francesa o a la alemana a nadie sorprenderá si comparamos la importancia de su industria frente a la nuestra. El peso de las industrias públicas estratégicas españolas se redujo y, por ejemplo, la otrora empresa pública de energía Endesa hoy es propiedad de ENEL (participada en un 25% por el Estado italiano). Nuestros altos hornos dejaron de ser altos, y si el Estado francés es accionista en Renault, el español no participa de negocios similares. Que la fábrica de Nissan permanezca en Cataluña se escapa por completo a nuestro control.

Con esos condicionantes y el contexto económico actual cabe pensar si no tendría sentido recuperar parte de la industria española, aunque eso suponga que un producto fabricado en España termine teniendo un coste de 1,30 € en lugar de 1 € si lo traemos de China.

Aumentar la cadena de valor española supone que es menor la dependencia de los servicios y que son mayores las aportaciones a la caja común realizadas por trabajadores y empresas. Nuestros amigos americanos fomentan y defienden la producción de petróleo mediante fracking, aun siendo notablemente menos competitivo en términos económicos que la extracción tradicional que se realiza en, por ejemplo, los países árabes. Con esto consiguen mayor independencia energética y, además, aumentan sus cadenas de valor, consiguiendo que toda la riqueza generada durante la extracción, el procesamiento y la venta del petróleo quede entre sus fronteras. Por supuesto pueden permitirse esto disponiendo de productos tecnológicos o agrícolas de calidad y demandados por el resto del globo. Mediante la inversión en I+D consiguen seguir siendo competitivos.

Creo que merece la pena que invirtamos en aumentar nuestra cadena de valor para, por ejemplo, poder procesar la aceituna que se recoge en Andalucía, en lugar de terminar mandándola en porcentajes muy altos a Italia.

En el plano microeconómico, que es el que mejor percibimos, creo que vamos a ir entendiendo que el comercio de proximidad nos es favorable a todos. Que comprar productos locales genera empleo y bienestar en nuestro entorno, aunque tengan un precio ligeramente superior.

No estoy abogando por una política proteccionista que penalice mediante aranceles las importaciones, estoy abogando por una educación económica que nos permita entender los beneficios para nuestra sociedad de comprar productos españoles, fabricados por empresas que pagan sus impuestos en España. Sin duda para tener una economía fuerte se deben fomentar las exportaciones, y penalizando las importaciones nunca conseguirías esto, pero sí es importante reducir el déficit de nuestra balanza comercial y empezar a potenciar sectores estratégicos de alto valor añadido. Energía, textil, alimentación y otras muchas industrias deben volver a tomar relevancia o aumentarla, y para ello habrá que mejorar la política de inversiones. Sin I+D no hay retornos positivos posibles.

Estamos en un momento crítico, pero también clave para desarrollar nuestro futuro. Existen numerosos obstáculos, pero también oportunidades que nos pueden llevar a salir reforzados. Creo que disponemos de los recursos, sobre todo humanos,  para dar un salto de calidad. Sólo espero que exista voluntad de cooperación entre todas las partes implicadas, que se deje el egoísmo a un lado y se reme en la misma dirección.

No es este un ejercicio de chovinismo, es un ejercicio racional de construcción de un futuro más sólido para nuestro país, huyendo del proteccionismo, pero aumentando la generación de valor. Estamos a tiempo, y tenemos ejemplos en el entorno. Hay que mojarse.

Comentarios