Vaya por delante que soy un apasionado del fútbol. He sido
seguidor del Real Madrid toda mi vida. Lo soy desde que veía cómo mi padre miraba de manera bobalicona la televisión, donde sobre un fondo verde 22 sombras danzaban en
torno a un balón. Entretanto yo esperaba que me prestara un poco de atención
y jugara conmigo. Terminé entendiendo por qué durante ese rato el juego en casa estaba vetado .
Supongo que uno no decide de qué equipo es, como tampoco decide dónde nace ni -contrario al dicho popular- quiénes van a ser algunos de los amigos que nos acompañarán durante toda nuestra vida. El caso, volviendo al tema, es que me encanta el fútbol, y no sólo por lo espectacular del juego, los goles, el ambiente que lo acompaña, las pasiones que despierta o el oasis que provoca en nuestra existencia durante 90 minutos, me encanta porque es un juego de equipo y un juego de estrategia. A medida que uno va creciendo suele tornarse más analítico, y de repente comienza a prestar atención a gestos, acciones y detalles diferentes. Aplicado al mundo del fútbol, con el paso del tiempo comprendí que la danza de las 22 sombras obedecía a un plan, y profundizando en ello descubrí que existía auténtica ciencia alrededor del juego.
Supongo que uno no decide de qué equipo es, como tampoco decide dónde nace ni -contrario al dicho popular- quiénes van a ser algunos de los amigos que nos acompañarán durante toda nuestra vida. El caso, volviendo al tema, es que me encanta el fútbol, y no sólo por lo espectacular del juego, los goles, el ambiente que lo acompaña, las pasiones que despierta o el oasis que provoca en nuestra existencia durante 90 minutos, me encanta porque es un juego de equipo y un juego de estrategia. A medida que uno va creciendo suele tornarse más analítico, y de repente comienza a prestar atención a gestos, acciones y detalles diferentes. Aplicado al mundo del fútbol, con el paso del tiempo comprendí que la danza de las 22 sombras obedecía a un plan, y profundizando en ello descubrí que existía auténtica ciencia alrededor del juego.
Me he revelado seguidor del Madrid en la primera línea, con
lo cual al lector le puede sorprender que mi siguiente revelación sea que soy
uno de los mayores fanáticos y defensores de Pep Guardiola. Se puede uno
imaginar cómo lo pasé en ese período que empezó en el año 2008 y no sé si ha
terminado todavía, en que el Barcelona, liderado por ese señor que comenzaba a
quedarse sin pelo, destrozaba de manera sistemática a mi querido Real Madrid.
Recuerdo cómo una tarde de mayo, acabando la temporada, mientras en mi pueblo se celebraban las
fiestas patronales en honor a San Isidro, un Barcelona que se plantó en el
Santiago Bernabéu sin delantero centro le endosaba al Madrid una de las
goleadas más vergonzantes que jamás haya sufrido en campo propio o ajeno, 2-6.
Mis sentimientos de rabia e indignación del momento se convirtieron en
admiración con el paso de los años, admiración por ver cómo un pequeño cambio
en la gestión del equipo, en la táctica, produjo unos resultados tan
extraordinarios. El plan seguía siendo el mismo, hacer daño al rival mediante
el uso de la posesión, de la velocidad en el movimiento del balón, del respeto
al juego de posición que un loco holandés implantó en el club y del
aprovechamiento de las cualidades –extraordinarias, por supuesto- de los
recursos con que contaba. La estrategia seguía siendo la misma, lo que cambió
fue la táctica.
En ocasiones (afortunadamente en pocas), en el mundo de la
empresa, me he encontrado con organizaciones que no tenían una estrategia
clara. “Ganar dinero”, dirán algunos. Estaremos de acuerdo todos en que
obviamente el objetivo de la empresa es ganar dinero –además de mantenerse en
el tiempo-, pero hay que precisar cómo se quiere ganar dinero. Del mismo modo
que se puede querer ganar un partido de fútbol atacando compulsivamente,
acumulando jugadores en zonas de remate y siendo muy agresivo, se puede
pretender ganar defendiendo pacientemente, arriesgando poco, y tratando de
aprovechar las pocas ocasiones que se puedan tener. Cuando una empresa falla en
esta definición, difícilmente podrá aplicar tácticas –esa sucesión de acciones
definidas con las que conseguir llevar a cabo la estrategia- racionales para
conseguir el objetivo. Si mi estrategia es ganar jugando bonito, utilizaré
jugadores creativos, les trataré de colocar en posiciones del campo en que
hagan daño al rival, y les daré protagonismo y confianza para arriesgar. Si por
el contrario quiero ganar concediendo poco al rival, me aseguraré de que mis
defensas son aguerridos, son extremadamente fieles a su posición, arriesgan
poco y minimizan los errores –además de rezar porque mi delantero tenga la
suerte de meter la ocasión que tenga a la salida de un córner-. Se dice que
todos los caminos son buenos y respetables para conseguir la victoria en
fútbol, y estoy absolutamente de acuerdo. No todos los equipos disponen de
presupuestos astronómicos con los que contratar a los mejores jugadores que,
guiados de la forma adecuada, de manera obvia y por probabilidad generarán más
ocasiones de peligro y más goles. Sucede exactamente igual con las empresas,
dependiendo de la actividad, del sector, del producto que se comercializa y del
posicionamiento de la empresa con respecto a la competencia, entre otros, la
estrategia podrá pasar por “vender el mejor producto sin importar la forma” o por “vender productos de nivel medio con la exigencia de cumplir plazos de entrega y ser ágiles en la introducción de nuevos productos”. La empresa escoge qué
estrategia quiere seguir y en base a ello decide, entre otras cosas, cuánto
paga, a qué gente, con qué experiencia, con qué formación, etc. Si me quiero
comprar un Rolls Royce Phantom, sé que probablemente no me van a entregar el
coche en menos de 3 meses, pues se trata de un producto de muchísima calidad con
añadidos de personalización. Pero si opto por comprar un Dacia Duster quiero poder
circular mañana con él. Ambas formas son válidas, ambos son productos válidos,
y obviamente las organizaciones adecúan sus recursos humanos y materiales al
producto final, a la materialización de la estrategia. Es básico, a la hora de emprender cualquier actividad, definir una estrategia y, a partir de ella, ver qué pasos se dan para lograr su consecución. Es una forma de pensar y actuar aplicable a cualquier campo de la vida, y creo que muchas organizaciones podrían conseguir ser mucho más óptimas si se pararan a pensar en ello y dejaran de lado la vorágine del día a día durante un rato.
Nunca imaginé cuando leí los libros de Martí Perarnau sobre
las etapas de Guardiola en Múnich y en Mánchester, que la principal enseñanza
que extraería no se iba a relacionar con la forma de atacar una defensa de 3 centrales
o cómo gestionar una ventaja en el marcador, sino con la génesis de todos esos
pequeños detalles que cuando el balón echa a rodar son visibles. Ya lo decía un
profesor mío -en referencia a esa vieja sintonía televisiva-: “Todo está en los
libros”.
![]() |
| Primer libro de Perarnau sobre las etapas de Guardiola fuera de España, posteriormente vendría Pep Guardiola. La metamorfosis |



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